Calderón

Editorial / Venezuela RED Informativa

La salida de Humberto Calderón Berti como embajador de los “Vamos Bien” en Bogotá inicia el deslave de lo poco que vale la pena dentro de la payasada del gobierno legítimo, que preside Juan Guaidó.

Calderón se coloca en la tesis de la intervención armada, mientras que Julio Borges y el dueño de los muñecos, Leopoldo López, necesitan mantenerse en el cuento interminable de las negociaciones con el NARCORÉGIMEN. En ellas, ellos ganan un montón. Por eso el hombre sale. Tiene vergüenza histórica y trata de deslastrarse de estos folclóricos de la política. Por ser benignos.

Por fortuna para el “plan de salida” de López y su cuerdita, para el enroque en Colombia se cuenta con Freddy Superlano. Un destacado profesional de la alta política internacional y de la diplomacia de carreteras, con una amplia trayectoria en los burdeles y botiquines de Cúcuta, donde parrandea sabroso, administra las ayudas humanitarias que nunca llegaron al país, que también desaparecieron en sus manos expertas.

Esta gente no maneja siquiera el concepto de la pena ajena. Pero no hay duda alguna: ¡con ellos ni a misa de seis! Ellos son parte de nuestro problema, no parte alguna de ninguna solución.

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