Continuará

Mascaritas / Venezuela RED Informativa

No hay que equivocarse. Este zaperoco planetario no tiene en riesgo de extinción a la raza humana. Más bien estamos todos metidos en el hoyo de una inmensa trituradora de capital, que se está comiendo los excedentes acumulados en el último siglo del planeta tierra.

Todo, mientras los dos titanes del mundo actual, ya inician las acciones de la más feroz guerra económica nunca antes vista.

China y USA pasaron de verse las caras, a irse a las manos. Ambas potencias poco a poco incrementan la tensión. Una gigantesca tierra de nadie se ha abierto entre ellos dos. En ella aún solo hay estadísticas, curas milagrosas, hospitales de bolsillos, cuarentenas de ciudades entera, muertes de débiles y ancianos e informaciones escondidas, que hacen de la Peste China una calamidad económica de magnitudes bíblicas.

Si en 1348 hubiese existido internet, o algo más del 3% de la población de Europa, África, Oriente Medio y Asia hubiese al menos sabido leer, la Peste Negra, también originada en la siempre inmunda China, no habría acabado con casi un cuarto de la población del mundo “conocido” para esa época.

Hoy, en cambio, la Peste China cayó de ocasión. Y nuevamente se escapó del estercolero de siempre que existe tras la Gran Muralla, y no hay forma de maquillarla. Ni de ocultarla. Ni siquiera de matizarla. Pero, sobre todo, de no tomar partido del lado correcto de la dignidad humana. Un “valor” totalmente desconocido para una civilización milenaria que funciona, tras los siglos, con el mismo grado de barbarie que desde hace 5 mil años.

Desde 1997, cuando el hoy infectado Príncipe Carlos de Inglaterra se alejó en su barco con la bandera FOX de las Costas de Hong Kong, se abrió la temporada de caza en China.

Con el cuento de “Un País, Dos Sistemas” el monstruoso partido comunista de la República Popular China ofreció y estableció la mayor, más inhumana y espantosa maquila nunca antes vista en la historia de las naciones.

Una minoría atornillada de forma vitalicia en el poder. Una minoría de “dirigentes” y enchufados con más poder que cualquiera de sus viejos Emperadores o mandarines, amordazó nuevamente a casi mil quinientos millones de seres humanos en estado cadavérico por el hambre y las penurias, manteniéndoles como esclavos de los “inversionistas” tanto orientales como occidentales.

Empresas y empresarios que se tomaron en serio y dieron por buenas las garantías del Partido Comunista, de proteger y “cuidar” todas a cada una de las inversiones que establecieran a sus depauperadas ciudades industriales. Ciudades siempre atiborradas de hombres y mujeres que nunca, pero nunca en su vida había comido algo más que una escudilla de arroz y algo de carne seca. Cuando no seres humanos, en el tiempo de la hambruna que produjo el sádico de Mao Tse Tung a principios de los ‘60s con su disparate del Gran Salto. Que según informaciones “extraoficiales” produjo algo cercano a los 50 millones de muertos en dos años… de hambre y miles de miles de casos de canibalismo.

Con esos antecedentes, el Modelo de Crecimiento Chino se echó a andar. Y medio planeta se montó en él. Bien como productores o como compradores de bienes de ínfima calidad.

Era y es todo un “atractivo” abrir empresas y fábricas contaminantes, sin ninguna legislación laboral conocida y con cualquier tipo de tecnología basura que ocupe a la enorme masa de mano de obra de ese inmenso país, con impunidad total.

Hasta que llegó Trump con su “America First”, su “Pride America” y sus incentivos para los inversionistas yanquis que han disfrutado de las “ventajas comparativas” del mercado laboral y del resto de los factores, que ha ofrecido y garantizado la nomenclatura del Partido Comunista de la República Socialista China. Ya saben, esa de “Un solo País, Dos sistemas”.

Con el destape de la Peste y una desaceleración del crecimiento del PIB Chino desde hace algo más de tres años, el Mundo se vino abajo.

Y, ahora, hay que tomar partido. ¿De qué lado del tablero quedan el resto de los países?

Los chinos acusan a Trump de xenofóbico. Trump a ellos de genocidas, ocultadores de información e irresponsables.

Aún, inclusive, los insultos no terminan de tomar forma económica. El incremento del número de infectados, muertos y negocios destruidos es la parte de arriba de un postre que esta todavía varias capas por debajo.

Con la reducción del tamaño de la Peste China en el planeta tierra, vendrá el pase de facturas. El ajuste de las cuentas…

Este servidor de antemano y por adelantado se coloca del lado de la Libertad. Del lado de los países con valores y formas de comprensión de la vida humana, que no han sido capaces de acuñar de por vida el termino aquel de “tortura china”, como parte del gentilicio cruel de esa civilización.

Yo, Mascaritas, estoy del lado de América y de todo aquello que ella representa. Está clarísimo que el gobierno de Venezuela está en la acera de lo malo, lo feo, lo corrupto y lo sucio del planeta. Ellos están con China. Eso acerca a la porquería del siglo XXI con toda la maldad y la infamia que representa la China de ayer, de hoy y de siempre. Por cierto, ¡esto continuará!

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