Control

Editorial / Venezuela RED Informativa

Las mentiras tienen patas cortas. La orden de encierro compulsivo para 32 millones venezolanos no es para protegernos del virus chino. Ni tampoco por las posibles reacciones populares ante la confiscación, por parte de la revolución y sus secuaces, del Partido Acción Democrática, ni del Partido Primero Justicia. Al final, ambos por años han sido aliados de la porquería del siglo XXI. ¡Peces del mismo arrollo!

Ni a Delcy Eloína, ni a su siniestro hermano, ni al señor Maduro, ni a ningún otro delincuente internacional en funciones de gobierno en Venezuela, le importa un comino las curvas de la peste china. Ni la salud de la gente o la alimentación, o los servicios, o la paz, o la vida misma del pueblo venezolano.

Estos saqueadores que dicen ser el gobierno de un país, simplemente han convertido a Venezuela en un inmenso campo de concentración.

Bajo la excusa chimba de protegernos de la pandemia, han colocado un apretado cerco territorial con una espantosa alambrada de púas. Custodiada por los infames colectivos de la patria, las podridas Fuerzas Armadas Bolivarianas y la asistencia de los vagabundos de la MUD, que mantienen un silencio nauseabundo, mientras el país termina por bajar la santamaría.

Venezuela corre a pasos acelerados a un formato de genocidio de estado, solo igualado al que se practicó en la Camboya de Khmer Rouge con la pandilla de dementes que lideraba el miserable de Pol Pot durante los años ochenta… ¡Esto se salió de control! ¿Cómo habrá que decirlo?

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