“Cuando el clarín de la patria llama, hasta el llanto de la madre calla”

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Una madre que llora a su hijo muerto en combate en el asedio a Valencia por el tirano Boves, calla su llanto al oír el llamado del clarín del Ejército Libertador y ordena a su otro hijo de 13 años ocupar el puesto de su hermano, héroe de la patria.

El destino de un militar está escrito con esa sangre a todo lo largo y ancho de la tierra que libertó el heroísmo en 10 años de batallas por la Independencia y bien debe morir con los méritos del honor quien cumple con el juramento de defender la Patria, hasta morir si fuera necesario.

Los militares son, en consecuencia, los herederos de las glorias de nuestra gesta libertaria y no tienen más destino que mantener el excelso legado o avergonzarse por subsumir su conducta en el texto sustantivo del artículo 32 de la LOFAN y entregar la Patria.

El heroísmo solo es posible en combate. Mal muere un militar siendo martirizado sin pelear, para lo que fue entrenado y capacitado. El militar debe morir combatiendo o en el sosiego de la libertad por los años de vida digna.

Hoy, frente a una dolorosa e injusta muerte más, abundan las manifestaciones de repudio de militares burócratas y con aspiraciones políticas o de mero protagonismo. ¿Qué lección sería esa que les enseñó a protestar y no pelear?

Pregunten a las familias de las víctimas, que a todos los venezolanos nos duelen, si sus opiniones o protestas altisonantes les devuelven la vida a sus seres queridos infamemente torturados y muertos o si no hubiesen preferido que combatieran sus compañeros de armas por salvarles sus vidas, en vez de protestar por sus muertes.

Vuele alto mi capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, que el buen Dios de nuestra fe reciba su alma de gran marino venezolano y que su muerte inspire el cumplimiento del juramento a todos sus compañeros de armas.

Debieron salvarlo, no reclamar porque lo mataron. Perdone a los militares venezolanos que lo asesinaron y a los que no hicieron nada por evitarlo.

Hoy dicen por su muerte: “ya es hora de luchar”. ¿Ya es hora? y dónde vivían que no se enteraron que la hora fue hace mucho, cuando murió el primer venezolano por la acción de unos y omisión de otros. Que si “basta ya”, y será que se detendrán los esbirros porque a una persona se le ocurre decir que basta por su muerte, es decir: las otras muertes no eran suficientes y ahora sí, y ¿qué va a hacer ese opinador?

Es un horror dice otro, y ¿cómo califica los otros asesinatos o no está enterado?

¿Cuántos muertos más hacen falta?, pregunta otra persona, y ¿será que con esa pregunta se activará la acción redentora o es retórica política de protagonismo que no resucita a nadie?

Bueno, a los militares activos les insto, si no son burócratas, salgan a defender a su patria como juraron hasta perder la vida y si están en situación de retiro, que en ninguna parte se dice que cesó su juramento, saben de la diversidad operacional del empleo militar y conseguirán posición, puesto, ocupación o qué hacer, porque seguirán los muertos.

La guerra para la que fueron formados es una dura realidad en Venezuela hace rato, tanto que el enemigo ha llegado hasta la retaguardia de nuestras posiciones y todavía muchos se hacen los locos, o que no saben, o que están en retiro, como si no sufrieran la esclavitud que impone el enemigo por estar en retiro, o lo peor, muchos se aliaron al enemigo.

Para un militar, morir sin disparar un tiro es el colmo de la insensatez y para el enemigo matar sin que le disparen un tiro el mayor éxito militar.

De la Orden de los Caballeros de Fénix
Santos Luzardo

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