¿Diálogo o fuerza?

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

La verdad siempre será ocultada con las maniobras que quiera quien pueda y necesite hacerlo, en una sociedad regida por la mentira y sumida en la cultura de todos los vicios. Siempre se oculta la verdad como norma, sin embargo, siempre habrá quien diga la verdad como excepción.

El diálogo en Venezuela no es una opción sobre la cual puede debatir la ciudadanía, es una decisión que se ha venido ejecutando indistintamente de que sea un fracaso en la justicia y un ardid más para ganar tiempo y oxigenarse el régimen como conocemos. Es realmente otra conducta inmoral de los malos políticos, pero inherente a su forma de actuar, para lo que siempre conseguirán excusas grandilocuentes.

El diálogo finalmente no dejará de imponerse en cualquier circunstancia porque eso lo deciden esos políticos y, en nuestro caso, hasta servirá para finalmente acordar la salida del usurpador. No lo dude nadie, es cuestión de tiempo, solo que eso no tiene que ver con el sufrimiento del pueblo ni con algún criterio de humanidad, por lo tanto, sucederá cuando los dueños de los destinos del mundo lo estimen conveniente.

Las decenas de argumentos y de apologías a favor del diálogo, muchos dicen que, para preservar las vidas, corresponden a la comodidad y confort de sus autores, a la necesidad de preservar sus intereses, al miedo de enfrentar una realidad que demanda acciones de fuerza o a múltiples incapacidades, pero no es verdad que a alguien le preocupen las muertes, las que en la situación actual superan a las de cualquier guerra convencional.

Por esas mismas razones, a toda guerra la han acompañado los diálogos, o sinónimos de estos, así lo hemos visto hasta en nuestra guerra de independencia, en las guerras mundiales y todas las conocidas.

Luego, el diálogo será la fórmula que se impondrá para liberar a Venezuela de los usurpadores criminales, pero no para liberarla de un sistema de dominación artero y oprobioso que tiene, como modus opererandi de protección, la guerra total y multimodal. Es decir, todo vale para oponerse a una fuerza que ofrece amenazas de poder militar insuperable contra los que constituyen el eje del mal, dirigiendo la usurpación y explotación en Venezuela sin límites.

Las características de la llamada guerra prolongada o popular de resistencia, es una realidad insoslayable que tiene 20 años gestándose, organizándose y fortaleciéndose en todas sus facetas, despliegue operacional, misiones, entrenamiento, dotación, etc., mientras los gobiernos democráticos del mundo siguen adormecidos y escépticos en cuanto a qué tanto la tragedia de Venezuela debe interesarles o perjudicarles.

La gran verdad para los venezolanos y el mundo, es que nunca se ha otorgado la libertad a un pueblo por parte de criminales por sentimientos altruistas o derechos humanos, hay que ganársela a sangre y fuego.

Luego, desmontar el sistema del crimen internacional organizado, dirigido por Cuba y Rusia, y apoyados por China, Irán y Siria, entre otros, solo es posible con la fuerza, del modo que convenga, sea suficiente y con la que no cuenta Venezuela, no solo por no poseer una FFAA formada en conciencia y capacitación para el combate, sino además por estar corrompida, diezmada y controlada por el enemigo.

Las fuerzas de ocupación operan hace años libremente en Venezuela con el apoyo total de las instituciones del Estado usurpado. Sin embargo, se crean corrientes de opinión sobre la negación de una intervención militar a favor de la liberación. Es insólita, pero cierta, la intervención de ejércitos regulares e irregulares en Venezuela, la traición e inducción al pueblo para rechazar la ayuda militar.

Cabe el cinismo de decir no aceptamos intervención militar porque ya tenemos una. Es la verdad, sin exageración ni cortapisas, tenemos una invasión militar en coalición con el crimen internacional organizado que nos esclaviza y dispone de todo lo nuestro y otra que es solo una mera aspiración de intervención militar para liberarnos y proteger nuestros bienes y recursos. No hay forma posible para desmontar el ignominioso régimen del crimen si no es con la fuerza.

Venezuela tiene en su futuro ser la piñata que acuerden repartirse los que puedan o la guerra si logra consolidarse el fuego sagrado del patriotismo para evitar tal repartición. Dios nos dé la fortaleza que necesitamos.

De la Orden de los Caballeros de Fénix
Santos Luzardo

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