Diario La Nación de Argentina: “Diplomacia noruega insiste en negociar con el chavismo”

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

El regreso de la delegación noruega a Caracas pasó sin pena ni gloria, fiel reflejo de la grave situación que vive Venezuela. Los diplomáticos noruegos no solo constataron que el régimen bolivariano sigue con su hoja de ruta directamente hacia las elecciones parlamentarias de diciembre, mientras sus jerarcas se reponen del coronavirus. Quien peor lo pasó fue Luis Parra, el presidente de la Asamblea Nacional (AN) impuesto por el chavismo, que ya abandonó la terapia intensiva tras sufrir una neumonía grave por covid-19.

La “toma de contacto “de los noruegos se circunscribió a una conferencia digital con los jefes del G-4 (los 4 de la “mesita de la oposición”). Un año después del fracasado proceso negociador entre ambos bandos en Oslo y Barbados bajo mediación noruega, la situación mucho peor en estos momentos. Tres de los cuatro partidos del G-4 fueron tomados por asalto del gobierno, que programó ¡a lo Jalisco!, unas elecciones parlamentarias para ganarlas por la fuerza pese a su gran impopularidad en Venezuela.

“No existe en este momento ningún proceso de negociación y le reiteramos a la delegación noruega que solo elecciones libres y justas son la solución a la crisis y no procesos fraudulentos con un Consejo Nacional Electoral (CNE) ilegítimo”, disparó por adelantado el Centro de Comunicación Nacional de la presidencia encargada de Juan Guaidó.

Nada queda del plan de elecciones presidenciales que estuvo sobre la mesa en 2019 y cuya convocatoria parecía posible hasta que Maduro dio un puñetazo y derribó el tablero para evitarlas. El chavismo decretó el fin del proceso e impuso un monólogo con partidos colaboracionistas, de donde salió la actual convocatoria amañada.

Los diplomáticos noruegos, expertos en reconciliaciones y que facilitaron procesos de paz en varios continentes, también se encontraron con representantes del gobierno bolivariano, pero no con Maduro. Si en algún momento durante su estancia en el país petrolero previeron regresar a una mesa de diálogo con las dos partes, ahora no parece posible.

“Hemos estado en contacto con la delegación de Noruega desde su viaje a Venezuela. La idea es presionar al régimen a una transición pacífica”, dijo Elliot Abrams, enviado especial de Washington para Venezuela, tras insistir en que no hay ningún proceso reabierto.

La visita previa del exgobernador estadounidense Bill Richardson a mitad de mes desnudó el estado de parálisis política que sufre Venezuela. El político viajó a Caracas con la intención de negociar la libertad de sus compatriotas presos en las mazmorras de Maduro: los seis directivos con doble nacionalidad de Citgo, filial de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y las dos ex boinas verdes capturados durante el fracasado desembarco de militares rebeldes.

Richardson se entrevistó con el canciller Jorge Arreaza y con el jefe negociador del chavismo, Jorge Rodríguez con la promesa de por medio de encontrarse con Maduro. Dos días a la espera que desesperaron al exgobernador, hasta que por fin Maduro lo llamó a Palacio. El resultado del encuentro ya forma parte de los anales de las relaciones entre ambos países: Maduro se enojó y abandonó la reunión dejando a Richardson con la palabra en la boca. Y muy enojado, tanto que reclamó a sus interlocutores previos por la salida de tono del líder chavista.

Sin avances dentro, pero con una coyuntura internacional más favorable. Representantes de la Unión Europa (UE) conversaron con Estados Unidos y Rusia, cuyas posturas se flexibilizaron. Los rusos necesitan legalidad para proseguir sus negocios económicos y Washington reiteró su disposición a una transición pactada, pero sin Maduro.

“Este no es momento para promover conflictos políticos ni sociales ni buscar culpables, sino para desarrollar acuerdos básicos que busquen garantizar la atención de la población en riesgo, el equipamiento de salud y soluciones de emergencia para las limitaciones de infraestructura”, señaló Luis Vicente León, presidente de Datanálisis.

El avance de la pandemia ya presiona de forma intensa la pésima estructura hospitalaria tras 21 años de revolución. En el hospital Pérez Carreño, uno de los más importantes de Caracas, solo quedan 44 camas y un solo ventilador, denunció el excandidato presidencial Henrique Capriles. Cuarenta médicos, 17 enfermeras y 11 trabajadores de este hospital estarían contagiados, internados, confinados y al borde de la renuncia.

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