¿Dónde comenzaron a morir la dignidad y el honor militar?

G/B (GN) Juan Álvarez Véliz / Venezuela RED Informativa

Después del gran ejemplo que dieron el Libertador y demás patriotas a la institución militar venezolana, se institucionalizaron las bases fundamentales de la carrera militar que se iría fraguando con el paso de los años, es decir, la ética y moral militar, la dignidad y el honor, la vocación de servicio y patriotismo, la preparación intelectual y física, la valentía y el sacrificio, el mérito y logros profesionales y la única contraprestación era, como dijo el emperador romano Marco Aurelio, la satisfacción del deber cumplido.

Así pasó un siglo manteniéndose los valores institucionales, legado de los libertadores y sumando modernidad, tecnología y actualización de cara a las nuevas exigencias nacionales, hasta el último gran impulso que le dio el presidente Marcos Pérez Jiménez.

Sobrevivimos y evolucionamos como Institución, a pesar de los reveses por abusos, excesos, egoísmos, autoritarismos, etc.

Nadie puede dudar que las FF.AA. entonces eran tan prestigiosa que hasta las madres deseaban casar a sus hijas con militares.

Comenzó la debacle con la traición por ambición. Un grupo de militares de esos que siempre sale del redil institucional captados por los inescrupulosos políticos, quien sabe con qué ofrecimientos, dan un golpe de estado y un año más tarde entregan el poder a Rómulo Betancourt y los políticos en general.

Hasta ese momento, la vida de un militar estaba supeditada a una condición de ley: “No puede ser militar el cobarde, el que carezca de dignidad, pundonor, ni el de relajada conducta, pues mal puede ser guardián de la libertad, honra e independencia de su Patria, quien tenga miedo de sacrificarse por ella y ultraje sus armas con infames vicios.” (Art. 32 Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas Nacionales de 1995).

Pero Betancourt dijo: “A los militares los arreglo con un bistec y una puta”. Era su plan para corromperlo y destruir la institución que odiaba y temía y que el General Pérez Jiménez había enaltecido con atención social, moral y tecnológica.

Por otra parte, Fidel Castro tenía otro plan a cuyos fines servía el de Betancourt y era infiltrar de ñángaras la Institución para lograr destruirla y dominarla como finalmente lo hizo.

El plan de Betancourt minó la institucionalidad de antivalores políticos y corrupción controlada, por lo que los altos oficiales llegaban a sus grados por afiliación política clientelar o negocial y los valores de solidez institucional perdidos paulatinamente, lo que hacía vulnerable a los miembros de la Institución y proclives a negociados políticos, es decir, tierra fértil para sembrar la escoria del comunismo, como todos conocen Chávez Frías y su clan de bandidos que se negaron a acoger el patriotismo y los valores institucionales por intereses personalísimos, lo cual era posible en una institución con militares pendientes de negocios y política y no de sus subalternos.

Llegado el comunismo, uno de los principios fundamentales es dominar las FFAA y para ello todo lo que hemos visto que hicieron. Se les lavó el cerebro, se les extrajo el corazón y se les pervirtió el alma. Un proceso de deterioro tan adelantado en la llamada Cuarta República termina dando la estocada final con serias acciones para involucionar a la anarquía, inoperatividad e incapacidad.

La ñángara infiltrado Chávez Frías impuso un estilo cubano de fusión político-militar, un nuevo estilo impresentable, caracterizado por las groserías, ofensas y arengas politiqueras que convirtieron a los militares en escoria social, despreciados por todos, pero con caudales de dinero y dedicados a ser concupiscentes. Se acabó finalmente aquella noble institución, se acabó la gallardía, el honor, la dignidad, los valores y virtudes y se someten a la criminal y miserable sumisión a los cubanos y el crimen organizado al mando de un infeliz inepto con nacionalidad extranjera y usurpando el poder.

De ser patriotas, herederos de las glorias de los libertadores, pasaron a ser la vergüenza y tiranos del Pueblo que juraron defender a costa de la muerte si fuera necesario. Ahora se declaran comunistas y chavistas mientras el Libertador dijo: “Un soldado feliz, no adquiere ningún derecho para mandar a su Patria, no es el árbitro de las leyes ni del Gobierno, es el Defensor de la libertad”.

Solo queda la vindicta pública que tarde o temprano llegará. La historia no ha registrado tal traición y tal miseria.

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