El equilibrio es la esencia de la Justicia

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Este axioma supera las aspiraciones de Domicio Ulpiano, de dar a cada quien lo que le corresponde, no dañar a nadie y vivir honestamente, por lo que expresaré la otra cara de la moneda respecto a la religión católica.

Sin duda, las personas direccionan y dan imagen a las instituciones y cumplen o no con sus fines, pero son reemplazables y pasan. Sin embargo, las instituciones permanecen mientras su utilidad persista como razón social.

En esta afirmación está la respuesta a qué hacer con las instituciones del Estado venezolano pervertidas por los chavistas, simplemente se cambiarán a quienes lo hicieron mal y esas instituciones brillarán de nuevo para el bien del país.

La iglesia católica, como institución, no es la excepción, por lo tanto, no solo crímenes y abusos pueden definirla sino también grandes y nobles obras que, desde mis emociones, que no de alguna cualidad espiritual, califico de santos hombres y mujeres que Dios ha inspirado. Ellos han sido el verdadero sostén de la institución más grande, antigua y universal que existe, que sin duda también ha hecho un gran bien a la humanidad.

¿Cómo no recordar a Francisco de Asís? por su sencillez, humildad y humanidad junto a su gran obra de renovación cristiana centrado en el amor a Dios, la pobreza y la fraternidad; a Agustín de Hipona, por su gran obra: La Ciudad de Dios, y su lucha por la verdad como bien supremo en lo que fundó su filosofía que tanto entendimiento ha dado sobre el cristianismo; a Fray Luis de León, bastión del renacimiento español y sobre todo de resistencia al poder opresor de la Inquisición, su vida prolija de virtudes espirituales y su máxima obra: El cantar de los cantares; a Isidoro de Sevilla por su prolija y universal obra de teología: Simón el Estilita, por sus ayunos de 40 días y paradas de penitencia; a Juana de Arco, la heroína quemada en la hoguera por la Inquisición: a Teresa de Ávila, por fundar la Orden de las Carmelitas Descalzas, de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo; al Dr. José Gregorio Hernández, dechado de nobleza y humanidad por referir un seglar; a la madre Teresa de Calcuta por su amor a los pobres; al papa Juan XXIII por el Concilio Vaticano II, que fue el concilio ecuménico histórico por su propósito de transformación humanitaria de la Iglesia Católica. En fin, son más los buenos que los malos, pero son esos de noble corazón quienes han mantenido la religión católica.

Cuando nuestro Jesucristo, tampoco habían solo perversos en el Sanedrín, como los Saduceos Caifás y Anás, sino buenos rabinos como Nicodemo y Simeón, entre otros.

Como vemos, no todos los dedicados a la clerecía son malos, de todo hay en la viña del Señor.

El demonio no deja de rondar y embaucar a los hombres, por lo que Cristo dijo: “por sus frutos los conoceréis”. Todos esperamos que las congregaciones religiosas se ocupen del tema espiritual y de la fe como aspectos fundamentales del bien colectivo, no de política, e infinitamente menos de impulsar la bestia apocalíptica que es el comunismo.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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