La Fuerza Armada, encrucijada final

César Guillén / Venezuela RED Informativa

“Hemos ganado nuestra independencia, a costa de arruinar tres siglos de cultura y tradición”

Simón Bolívar

Por doctrina, las FAN, en la democracia, son los administradores de la fuerza del estado, custodios de las armas de la república. De allí la contradicción de las funciones entre las milicias ideologizadas y la del profesional al servicio de la institucionalidad democrática y política. Persiste el dilema del militar como deliberante o como el garante de las libertades dentro de la constitución.

En la actualidad un grupo de militantes, han desvirtuado los valores institucionales de las FAN. No se es más venezolano por condición social, política o invocar en cada momento a los héroes de la patria. Es la conducta y los valores, los que nos hacen digno del gentilicio. Sobran ejemplos de los abusos cometidos amparándose en el uniforme. El rechazo y el odio al pasado político, no lo pueden asumir, ni el país, ni el ciudadano común.

Si la nación es la prioridad para las FAN, ¿por qué? se toleró la destrucción de la industria petrolera y las básicas de Guayana, el deterioro de la alimentación, la educación, la salud y el medio ambiente. Que los extranjeros rumanos, chinos y rusos, impidan el acceso del venezolano a sus instalaciones. Grupos islámicos con perímetros residenciales y bandas delictivas portando armas de uso exclusivo de las FAN. ¿Qué nacionalismo es este?

A pesar de la burocracia política inepta y corrupta, la institucionalidad y presencia de las fuerzas armadas no admite discusión, existe y está contemplada en todos los países democráticos y desarrollados. Fuerzas armadas que causaron muertes y destrucción en los conflictos mundiales, ni fueron erradicadas ni sustituidas. Se reorganizaron con profundo apego a los valores universales de la democracia.

Los seres humanos no vemos las cosas como realmente son, sino como la queremos ver, no aceptamos lo bueno, sino lo que nos gusta. Haciendo una analogía, hoy todos vemos diferente a la USA de Trump a la de Obama, al Brasil de Bolsonaro que el de Dilma y Lula, la Colombia de Duque a la de Santos, y así con Ecuador y Bolivia.

A esos países antes los rechazamos y ahora los aceptamos, lo que demuestra que los culpables no son los países, ellos siguen siendo los mismos, lo que han cambiado son sus líderes y nuestras percepciones. En conclusión, por la indignación, muy válida en la actualidad, no destruyamos las instituciones, reorganicémoslas, eso sí, juzgando y castigando con severidad a sus malos dirigentes. Esto es irreversible.

FEDEPETROL-CARABOBO

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