Las Fuerzas Armadas y la reindustrialización

Overlord / Venezuela RED Informativa

No debemos seguir dependiendo tan solo de los analistas mediáticos y de las redes, quienes abordan todos los temas de la vida nacional, a veces con algunas inexactitudes que distorsionan su apreciación. Las fuerzas productivas deben ocupar sus espacios y expresarse sin intermediarios. Debemos escuchar a los líderes civiles del trabajo y la industria, de la ciencia y la investigación, con sus propuestas factibles y concretas.

El nuevo orden civil y el conocimiento, deben reemplazar al agotado modelo estatista con base al partidismo y el caudillismo demagogo, atrapados ambos en la retórica de la redención social y de un nacionalismo distorsionado, este debe hallar soluciones pragmáticas a nuestro problema del atraso y de la incapacidad por consolidar las instituciones democráticas, que se balancean en ese péndulo perverso del populismo al autoritarismo. No más improvisación, hay que superar el tradicional modelo de conducción del país.

El daño severo a la estructura económica de la nación y a la sociedad del trabajo, ha de exigir al re- institucionalizado sector de la Defensa (FAN), un compromiso ineludible, que debe ser la lucha contra las ideologías radicales y religiosas, contra la extorsión criminal y la del blanqueo del dinero por comerciantes inescrupulosos. No solo es defender la integridad territorial, sino rescatar y resguardar los valores y modos de vida que ha adoptado históricamente la sociedad venezolana.

En definitiva, esa importante institución deberá proveer una eficaz protección al esfuerzo que ha de desarrollar el conjunto nacional productivo, en la difícil pero inevitable tarea de la reconstrucción. No podemos cometer la ligereza por la tragedia sufrida, de erradicar a las FAN. Vital elemento en la transición.

Hay que asumir sin complejos y con coraje la economía liberal y productiva, cuya vanguardia sea la de una educación de avanzada en todos los niveles, acorde con la tecnología y direccionada hacia el desarrollo, con el peso suficiente para equilibrar las decisiones políticas del funcionario de turno. Es por ello que la conducción del país exige un responsable liderazgo político, comprometido con un estado descentralizado e industrializado, bajo un nuevo modelo capital-trabajo y dentro del rigor de las leyes. El remedio para el atraso y la pobreza no es la doctrina política, son el conocimiento y el trabajo creador.

Cabe destacar que, sin el coraje y la tenaz resistencia de la mayoría de las mujeres venezolanas, el modelo radical ya se hubiese consolidado. Es sorprendente su valor y resistencia. Ellas enfrentan diariamente el abuso de esta tiranía en todas sus formas, algunas han emigrado desesperadas para mantener a su familia, otras siguen sufriendo por sus esposos, hermanos e hijos encarcelados, y con especial mención, la de nuestras heroínas, jóvenes mártires que regaron con su sangre la tierra venezolana. Merecen ocupar importantes espacios en el país por reconstruir. Este debe ser un compromiso obligatorio.

No más la vergüenza ante el mundo, por este insólito desastre. A los que nos tendieron su mano y su apoyo, responderemos con lealtad y agradecimiento. Conquistemos la América Latina, ya no con ideologías ni con emigrantes desesperados, sino con inversiones productivas. No más la retórica del país rico, predestinado y bonachón. Debemos comenzar por el ser simplemente una nación de trabajo, desarrollada y democrática.

Solo los espíritus soñadores pueden sostener que la paz es el estado natural del hombre y que se puede mantener solo con consensos y confianza en las normas internacionales. La paz es frágil y solo se puede conservar mediante alianzas entre los de ideas afines, por lo que sugiero la creación de un Bloque Democrático de América.

Si bien la democracia permite la tolerancia y la negociación, esta no debe cobijar intereses oscuros ni chantajes. No hay consecuencias sin causas, pero no busquemos en el pasado las soluciones del presente, recordemos que la historia no enseña sino es por analogía. Siempre hay tiempo de volver a empezar, pero debemos hacerlo con nuestros mejores talentos…nuestra generación sigue en deuda con nuestra historia.

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