Mejores que eso

Mascaritas / Venezuela RED Informativa

Los “Vamos Bien” terminan el 2019 Mal. Ocupan el resto que les queda del año en reescribir e interpretar a su gusto lo que dice el Departamento de Estado, Mike Pompeo y la Bruja de Catia.

La papa caliente del desastre de la parodia de casi un año de oposición llega a su fin con altisonancias, insultos, acusaciones y demás yerbas que les ponen al descubierto.

Todo lo que “hicieron”. Todo lo que “levantaron” fue para que creyéramos. Fue una cortina de humo fétido donde estrujaron las esperanzas y los más profundos anhelos de libertad de los venezolanos de todos lados. Los Conciertos de Frontera. La Lastima internacional y el mismo empuje desde la Casa Blanca, solo sirvió para que muchos hicieran negocios con el gobierno o desde la “facilidades” que aportó el criterio colectivamente aceptado de un gobierno de transición, hasta el cese de la usurpación y bla, bla, bla.

Juan Guaidó resultó ser otro más del montón. Y terminará como muchos otros, en el basurero de la historia. Le hará compañía a los de siempre. A los que vendieron el triunfo electoral del pueblo manso que votó por ellos, con la nariz tapada y un pañuelo en la boca, con tal de salir de la maldad del siglo XXI.

A muchos otros de los muchos mequetrefes atornillados en el imaginario colectivo nacional como “soluciones”. Como maniquíes de ocasión en un país huérfano de líderes y liderazgos y propuestas reales, posibles y valientes de salidas a esta pesadilla.

Un país atrapado por pasaportes que cuestan casi 200 dólares. Una Latinoamérica obstinada y cansada por la mendicidad de los migrantes venezolanos. Una Europa que solo acoge a unos pocos. Mientras que el resto del mundo que mira y se cala a una Venezuela en estampida, nos coloca como desastre humano en la misma fila de del pueblo sirio, Somalí y Afgano que se arrastra con sus cabras hacia las fronteras con Pakistán.

Esto es una Migración de Oriente, versión postmoderna. Un parte del país trata de escapar de un Boves que se acerca a la Caracas de 1814, en un río de pueblo que toma el camino de la costa Caribe hacia Barcelona. Muriendo. Menguando. Sin comida. Como debió haber el Éxodo Bíblico.

Mientras Bolívar y un pedazo del ejército libertador protegía a miles de caraqueños despavoridos de las avanzadas de Boves y Morales, el grueso de las fuerzas patriotas hacía de muro en los Valles de Aragua.

La lucha fue encarnizada. La historia no se atreve a contar en los libros del colegio el horror de las batallas. La inmolación de José Félix Rivas terminó solo como una fecha de febrero, un día de la Juventud y un día más sin clases. Nada más.

Pero el país se jugó en aquellos campos. La Nación Venezolana se cuajó en aquellas trifulcas.

¡Se nos olvidó nuestra grandeza, mi vale!

El whisky bueno y barato. El “ta’ barato dame dos”. El cuento del “país de las bellezas”, nos hizo perder el rumbo. Se nos cayó del bolsillo el GPS de nuestra historia. El camino andado. La fragua de los hombres y mujeres valientes que entendieron sus “momentos” y estuvieron a la altura de lo que tenían que hacer.

Fuimos el pueblo que empujó la libertad de medio Subcontinente. Llaneros patas en el suelo. Orientales dicharacheros y patiquines caraqueños anduvieron por medio Continente Sur Americano haciendo libertad. Fabricando libertad.

¿Cómo va a ser posible entonces que, a apenas casi dos siglos de todo eso, nos hayamos reducido a una nación resignada, llorona y pasiva de ratones intimidados por un gobierno de hampones, asistidos por una oposición de aguantadores? ¡Déjense de Vainas! ¡Nosotros, los venezolanos, NO somos así! ¡Somos mejores que eso!

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