Paul Sfeir: “Soy un venezolano por decisión propia. No fue que ‘me tocó’ nacer ahí, como dicen algunos malagradecidos”

Alfonsina Ríos / Venezuela RED Informativa

Aunque nació en Viña del Mar, conocida también como “Ciudad Jardín” en Valparaíso, Chile, nuestro entrevistado quiere a Venezuela como su patria: “Yo decidí ser de ahí y siento cada gota de mar, río o lago; cada grano de arena, cada gota de sangre de cada preso político, cada logro, cada victoria, cada derrota, cada pena y cada alegría de Venezuela como mías”.

Así manifiesta su gratitud hacia la tierra que en 1972 abrió sus puertas para recibirlo junto con su familia, con apenas siete años de edad, cuando salieron de un Chile en pleno gobierno de Salvador Allende, un Chile azotado por el socialismo, que se inició con la presidencia del izquierdista un 4 de noviembre de 1970 y finalizó con el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, para luego sobrevenirle al país del Cono Sur, otra desgracia que se instaló durante 16 años: La dictadura sangrienta de Augusto Pinochet, hasta el 11 de marzo de 1990, cuando se realizó la transición democrática.

“En momentos en que un gobierno que había llegado por un trámite democrático al poder ya estaba en franca implantación de algo que con absoluta responsabilidad les aseguro que se hubiera convertido en un régimen dictatorial tipo Cuba o Venezuela”, comenta nuestro personaje de la semana.

El gobierno de Allende duró tres años, pero fue suficiente para hacer experimentar al país sureño el estrago que hace el socialismo inoculado por la revolución cubana de Fidel Castro, para ese entonces. La economía dejó de crecer, la mayor inflación nunca vista en la historia chilena, ruptura de la cadena productiva, expropiaciones, los alimentos empezaron a escasear, y la violencia se desbordó por motivos políticos, en fin, hubo una profunda crisis, “el mejor símil es decir que salimos de un Chile en negro y rojo a una Venezuela multicolores”, así, con esa imagen visualiza a las dos naciones donde la vida trazó sus huellas de infancia y juventud.

Pero, como si el destino hiciera una mala jugada, la pujante Venezuela de la década del 70, que cobijó a miles de chilenos, paradójicamente durante estas dos últimas décadas va en franco deterioro, colocándola en la peor crisis política, económica y social, con una huida masiva de venezolanos por la hambruna, la persecución y la violencia originada precisamente por el llamado “Socialismo del siglo XXI”, con un régimen nefasto como el chavista, primero con Hugo Chávez y actualmente con Nicolás Maduro.

En 2000, hace veinte años que el chileno-venezolano, ingeniero en Metalmecánica y actualmente periodista, Paul Sfeir, salió de Venezuela a labrar destino en Estados Unidos.

“Me fui de Venezuela el 9 de octubre, después del caracazo de 1989 y de los dos intentos de golpes de estado de 1992, escuché y leí con mucha atención las entrevistas y los discursos populistas de Hugo Chávez; vi lo enfervorizada que estaba una parte de la sociedad civil con ese discurso mentiroso y violento; y, por otra parte, la otra gran porción de esa misma sociedad civil, sin deseos de participar. Entendí de inmediato que Venezuela iba a atravesar momentos muy difíciles y decidí irme a tratar de cultivar un modelo de pensamiento y toma de decisiones diferentes, sin el ruido de la violencia tan cerca, pero en función de una Venezuela en la que siempre he creído”.

Paul Sfeir ya es un hombre de cincuenta años y “pico” como expresa él mismo, pero no especificó si el pico es de un jilguero o si es de un pelícano.

Es hijo de padres chilenos naturalizados venezolanos, lamentablemente ya fallecidos: “mi padre renunció a su ciudadanía de nacimiento y fue un venezolano de los más orgullosos que he conocido”, nos relata Paul.

Cuando se refiere a la migración chilena del pasado, como la actual de los venezolanos, Sfeir recuerda que “Venezuela acogió a exiliados y emigrantes chilenos generados tanto por el gobierno de Augusto Pinochet como por los que nos fuimos a causa de Salvador Allende. Los hijos de los asilados eran tratados en el colegio como “pobrecito, ellos son hijos de refugiados”, nosotros, los salidos antes, éramos tratados como “chilenos muertos de hambre” y después vino el ‘chileno golpista vete a tu país’. Si eso te lo decía un niño en el colegio, es porque seguramente eso se hablaba en sus casas”.

Como apreciamos, Paul fue también víctima de bullying por su condición de migrante, tal vez, como muchos niños migrantes venezolanos hoy lo sufren: “Me tocó vencerlo, y el tiempo, con una muy amarga lección, me ha enseñado que hay que escuchar todas las versiones para acercarse de mejor manera a la verdad. Pero todas esas experiencias son las que me permiten ver las situaciones con otra altura de mira”.

Recuerda que sus padres escogieron a Venezuela para residenciarse “porque mi papá en la década de los 50 hizo amistad inmediata y dio soporte a un buen grupo de políticos venezolanos exiliados en Chile producto del gobierno del general Marcos Pérez Jiménez. Algunos de ellos, Jorge Dáger, Braulio Jattar Dotti y Lorenzo Fernández, entre otros. Era una forma de llegar a un lugar completamente extraño, sintiéndonos tal vez no tan solos”.

Hace memoria cuando su madre recién llegada realizaba las primeras compras en el abasto cercano: “preguntándole al señor que ahí atendía, si podía comprar cuatro tomates o dos litros de leche, y la mirada incrédula de ese señor respondiéndole a mamá ‘señora, ¡usted puede comprar lo que le dé su gana!'”.

A su juicio “la migración venezolana ha sido sin duda un aporte inmenso para muchos países adonde hemos llegado. Cuando yo vine a vivir a Miami, éramos muy pocos los venezolanos. Hoy ya somos una gran comunidad con una fuerza pujante”.

Asegura que en Chile la gente aprecia a los venezolanos: “La alegría, la sonrisa, el optimismo, el buen humor, la preparación, el profesionalismo y las ganas con que llegan nuestros connacionales a vivir la experiencia de la libertad que ofrece Chile, la agradecen todos. El venezolano en Chile trabaja duro y se ha ganado su espacio merecidamente. Ya se come arepa con queso llanero en la mesa de los chilenos y empanada chilena en la mesa de los venezolanos, desde hace años”. También asegura “que ambos países han sido premiados con una permeabilidad entre ellos, que sin duda algún día nos dará más reinas de belleza en Chile (risas)”.

En los actuales momentos, Chile se halla inmerso en una ola de protestas antigubernamentales. Nuestro entrevistado ha participado activamente en la política chilena, en la parte comunicacional y como coordinador general de campañas de congresistas. Asimismo como gerente efectivo de redes sociales para el equipo de comunicación del presidente chileno Sebastián Piñera en 2019, ¿qué piensa de esa situación de protesta y violencia?

Según la óptica de nuestro entrevistado: “Lo que ocurre en América Latina obedece a un plan abiertamente expuesto y conocido por todos. El Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla trazaron en sus recientes reuniones (la última de ellas en Venezuela) los lineamientos de una política desestabilizadora en América Latina a fin de distraer, con conflictos creados artificialmente, la atención de las crisis humanitaria, social, política y de DD.HH. en Cuba y Venezuela”.

Específicamente en el caso de Chile, “los reclamos de la sociedad civil en cuanto a mejoras en muchos aspectos que el estado debe atender sobre los ciudadanos son legítimos. Pero desafortunadamente el neomarxismo y la neoizquierda radical se han dado a la tarea de adueñarse de muchas cosas, de muchos símbolos, incluso de derechos, frases y figuras, y del descontento popular”.

Sfeir considera que el presidente Sebastián Piñera atraviesa “una marejada heredada de gobiernos anteriores que tampoco atendieron los avances requeridos por la sociedad civil”.

“Pero Piñera también se halla frente a un enemigo muy poderoso, con mucho dinero, con mucha maldad, que necesita sostener bajo su poder lugares donde mantener su impunidad; me refiero a esa mezcla infernal de comunismo con narcotráfico y guerrilla terrorista que nos azota desde Cuba, Venezuela y Colombia”, afirma nuestro entrevistado.

Cuando volvimos a preguntar acerca del país caribeño y consultar qué es lo que más añora de esa Venezuela que vivió, respondió tajante: “¡Lo añoro todo!”, y le gusta “toda la comida venezolana, pero el pabellón con barandas es ‘mucho con demasiado'”. Nos comenta haber transcurrido su infancia “en la esquina de La Marrón, en el centro de Caracas, a dos cuadras de la Plaza Bolívar y tres de la casa del Libertador en la plaza San Jacinto. Mi juguete favorito era una bicicleta a la que le colocaba un vasito plástico en la rueda para que sonara como motor de moto… Sí, lo confieso a mis exvecinos del Centro, ¡era yo el que los atormentaba con ese ruido tan la…! (risas)”.

Dice haber conocido el 90% del país. El llano era su lugar predilecto: “Guárico lo siento como mi casa; jamás he dudado que ahí voy a regresar. Falcón tiene un trozo inmenso de mi corazón, en Guayana se hallan los paisajes más hermosos del planeta, ahí donde se encuentran el río Orinoco con el río Caroní y donde a veces sale alguna tonina a saludar, es un premio maravilloso para quienes lo pudimos ver”. Y así fue describiendo y poetizando cada lugar que nombró. Al cerro El Ávila lo bautiza como “el hermano mayor de todos los caraqueños y guaireños”.

Al respondernos si era melómano dijo: “Me gusta la música y he plantado un árbol; me falta escribir un libro”. Posee afición por la lectura: “Leo todos los días. Leo muchas noticias y opinión. Para entretenerme leo un poco de comedia y si me cae un libro tipo ‘Caballo de Troya’ (JJ Benitez) u ‘Operación Jesucristo’ (Og Mandino), soy capaz de leerlo en una tarde”. Le encanta la empanada de mechada o la de queso llanero: “Que me perdonen mis amigos chilenos, pero no hay nada que le gane a una empanada de carne mechada con guasacaca”, pero hace la salvedad: “Ojo: ¡las empanadas chilenas con pebre también me gustan!”. Y no respondería si le preguntan a quien le va en un partido entre La Vinotinto y La Roja.

En la vida de Paul Sfeir siempre ha estado presente una gran frase con la cual le aconsejaban sus padres “Haz el bien y llegarás al cielo”. Cree en Dios y es bautizado católico, aunque no practica en ninguna iglesia, señala que su fe es inquebrantable, viendo y sintiendo a Dios a su manera, no a conveniencia de alguien: “Mi propia vida me ha llevado a descubrir que Dios tiene incluso un maravilloso sentido del humor. ¡Es sin duda mi mejor amigo!”.

Recuerda con gratitud y afecto a la Universidad Simón Bolívar (USB) por ser la institución en Venezuela que “sembró en mí unas destrezas y unos modelos de pensamiento y de abordar los problemas perfectamente adecuados. Los pongo en uso cada vez que la vida necesita algo de mí”.

Nuestro personaje vive en Estados Unidos con su familia, aprecia y admira también a esa nación, calificándola como “el país de lo posible que te enseña a pensar en grande y a no tener miedo. Si haces las cosas bien, todo te sale bien. Puede demorar un poco más o un poco menos, pero llega”, y la representa como la siente: “Si Chile fuera mi papá y Venezuela fuera mi mamá, EE.UU. soy yo. Mi realidad, mi actualidad”.

Paul Sfeir actualmente es presentador de radiodifusión -Radio TV Martí- OCB, Miami, FL, desde el 1 de agosto de 2019, aunque se graduó de ingeniero, ahora, en su madurez, es un hombre de medios de comunicación social.

“Mi padre soñaba con un ingeniero en la familia. Yo había decidido otra cosa… Estudié Ingeniería, pero me preparé siempre como comunicador. Siempre tuve una gran inclinación hacia las ciencias sociales”.

Siente un ilimitado respeto por los periodistas venezolanos: “Son héroes, están fuera de lote”. Reconoce que “hay una serie de medios nuevos, independientes, que están echándole un mar de ganas”.

Sfeir dentro de su dilatado currículo posee un entrenamiento de elevada sensibilidad humana: Cómo comunicarse con el paciente con riesgo de VIH. “Siendo director de un proyecto de instalación de una estación de radio para una fundación de ayuda a los hispanos, King David Fundation en la ciudad de Aventura, fui invitado a participar en un entrenamiento para tener una mejor comunicación con personas afectadas o en riesgo de VIH+. No lo pensé dos veces y asistí porque dentro de las comunicaciones hay códigos y es bueno saberlos. Cuando apareció el VIH-Sida en el mundo, todo cambió. Mucha gente fue severamente segregada, abandonada, y esto causó miedo en todos”.

En su opinión: “El VIH no es un castigo. Es una condición. En Venezuela, como en cualquier lugar del mundo, efectivamente hay riesgos de contraer el virus” y recomienda usar el preservativo como primera medida.

Sfeir es un comunicador, pero también un político y trabajó en el Congreso chileno y trabaja en las redes sociales para el gobierno de Piñera: “Es una experiencia absolutamente enriquecedora. Es sorprendente comparar lo que uno cree desde afuera con lo que realmente ocurre desde adentro”. Recuerda siempre una frase del político venezolano ya fallecido Teodoro Petkoff: “Cuando dijo lo fácil que le fue ser periodista de oposición y lo difícil que le fue ser funcionario de un gobierno”. Manifiesta que en ese desempeño “aprendí a respetar mucho a los verdaderos políticos”.

Es abiertamente opositor “al régimen “narcocomunista” de Nicolás Maduro: “Lo que está ocurriendo en Venezuela es culpa del régimen”. Cree que hay que continuar luchando: “Hay que hacerlo todo, a la misma vez, y bien hecho. Algo va a funcionar en algún momento. No debemos detenernos”.
Además confiesa el coraje que le da “imaginar a Maduro, Cabello y algún cubano o FARC de los que siempre están en palacio, riéndose de nosotros y campaneándose un whiskycito”.

Afirma que a Venezuela la deben llevar a buen puerto todos los venezolanos, pero “si los militares venezolanos no quieren democracia, no la habrá y esto no pasa por el nombre propio de ningún político o dirigente”.

Aunque para salir del régimen chavista cree que hay dos opciones: “Que la sociedad civil se vaya a las calles, sin escuchar a quien los desmovilice, sin devolverse a casa. Un paro nacional serio, realmente indefinido de todos los venezolanos, ¡TODOS!, que demuestre quién tiene el músculo.
La otra opción no sé si sería de buen gusto publicarla, pero creo que es presumible…”.

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