Precisiones

Editorial / Venezuela RED Informativa

Acá, muy cerca del final de esta pesadilla que lleva matando gente desde hace más de dos décadas, quien proponga “perdón”, “borrón y cuenta nueva” o el “castigo” de ser minoría y oposición cuando recuperemos la libertad, es un traidor o un perfecto imbécil. O ambas cosas… ¡Punto!

Si José Guerra sufre del síndrome de Estocolmo o ya no encuentra como finalmente llegar a ser el presidente del Banco Central de Venezuela a cómo sea y con quién sea, que consulte con un psiquiatra, o simplemente se auto medique.

En la Venezuela del Día Después no cabe el chavismo. Como tampoco el país puede dar espacio a los Colectivos de asesinos, armados por un gobierno miserable para sembrar el terror entre el pueblo. Ni a buena parte de las Fuerzas Armadas, que han desangrado al país y a su gente, o han sido cómplices en la depredación nacional. Ni a los “asesores” de seguridad cubanos, rusos, iraníes, palestinos o etarras. ¡Punto!

¿Qué parte no termina de entender la oposición complaciente de ayer y de hoy, sobre la naturaleza de la porquería del siglo XXI?

El chavismo, Rafael Ramírez, el intergaláctico, su familia y los cientos de miles de enchuflados que han saqueado a Venezuela han sido investigados, identificados, señalados y ya, sobre muchos de ellos, se ha puesto precio a sus cabezas.

Se les acusa de fomentar el funcionamiento de un narco estado. Toda una “novedad” en las ciencias políticas, por cierto. Y por atentar en contra de la salud y de la dignidad de millones de personas en los Estado Unidos, Europa y América Latina, a través de la producción y tráfico de drogas, utilizando la infraestructura de un gobierno “soberano” como si fuera un vulgar un Cartel colombiano.

Es decir, son una especie de gobierno chino, pero en chiquito, sin un Partido Comunista monolítico, que le ha causado un gravísimo e irreversible daño a la salud y a la vida de sus nacionales y a la de buena parte del Mundo. ¿Se entiende?

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