Qué importa que me llamen loco por amarla a ella, a ¡Venezuela!

Marcelo Antonio Lorca / Venezuela RED Informativa

Son muy pocos los hombres como Pablo Medina, que realmente sienten a Venezuela; quién dice y dónde está escrito que no se pueda bañar en una piscina, en un día muy especial para él, como es su cumpleaños, además, dedicarle su fortaleza, su deseo de liberar a su tierra, ¿A caso no es costumbre del cumpleañero pedir un deseo?

Pablo, mostrando esa aspiración que abriga la mayoría de los venezolanos tanto en el exterior como en el país caribeño, aun siendo una persona que ha sido sometido quirúrgicamente a dos intervenciones delicadísimas como un cateterismo arterial y una operación a corazón abierto, mostrando esa resistencia, vigor a sus 73 años, se presenta así, de sencillo, como es él ante el mundo. Hay que tener mucho corazón para ofrecérselo a Venezuela y, eso, es lo que ha hecho Pablo toda su vida.

Pablo Medina no solamente se baña en una piscina, sino también ha cruzado varias veces el Orinoco, el río más grande de su país y de aguas turbulentas. ¡Qué coraje mi hermano! Dudo que actualmente en nuestro territorio haya hombres como usted, con ese temple, tanto en la genuflexa arrastrada oposición que ha colaborado veinte años para mantener a la banda criminal del régimen en el poder, como en el mismo chavismo-madurismo dedicados a saquear y destruir a Venezuela, entonces pregunto ¿A quién hay que meterle la camisa de fuerza?

Pablo, a usted lo admiro porque ha sido capaz tantas veces de defender a Venezuela tanto en la calle como desde el antiguo Congreso Nacional. Los invito a revisar, pero sin odio para que vean la obra en defensa de su tierra que ha realizado este político.

Por citar algunas de sus posiciones, en su momento, vimos a Pablo enfrentar y batuquear el pecho a un militar en pleno Palacio de Miraflores, a ese oficial que se estaba prestando para calumniarlo y cometiendo irregularidades contra el pueblo de Venezuela, el Vicealmirante Radamés Muñoz León (QEPD), para ese entonces, Ministro de la Defensa durante el gobierno de Ramón José Velásquez, contrario a lo que hizo el cobarde de Julio Borges expresidente del Parlamento, quien ejerciendo ese cargo de jefe de la Asamblea Nacional, se dejó sacar a empujones de la sede del parlamento por un coronelito quien según actuaba en ese recinto por orden de Diosdado Cabello.

Hoy el cobarde de Borges lamentablemente se encuentra rigiendo la política exterior de Venezuela, nombrado por el mal llamado presidente interino Juan Guaidó. Borges como representante diplomático ante el Grupo de Lima y Comisionado presidencial para la Relaciones Exteriores de Venezuela, ha hecho mucho daño al país, ha impedido la aplicación del TIAR y el cese de la usurpación y tantas cosas para bien de Venezuela ¿A quién hay que meterle la camisa de fuerza?

Pablo Medina, pudo haber tenido un gran puesto en el chavismo, como lo hicieron otros militantes de Patria Para Todos (PPT), pero en el 2000 se desligó hasta el día de hoy, de esa masa corrompida, nefasta para el país, porque se dio cuenta el mal que venía a implantarse para Venezuela y, denunció, que se estaba formando un gobierno militar-cívico y no cívico militar como creía que podía ser. No firmó la constitución de 1999, por considerar que seis años era demasiado un hombre en el poder y que eso generaría una dictadura como la que estamos viendo ahora.

Pablo, fue uno de los primeros que denunció que existía el cártel de Miraflores, cuando todos callaban y, si quieren, revisen el periódico El Nacional, cuando llamaba a Chávez como jefe de esa mafia. Ha escrito libros como “¿Quién mató a Danilo Anderson?”, denunciado el Terrorismo de Estado; Otro “El Gran Engaño”, acerca de todo el secretismo y la falsa de la muerte de Chávez. Y tantas cosas, que dejamos de citar por falta de espacio porque no escribiríamos un libro sino varios libros de lo que ha realizado Pablo en defensa de su Venezuela.

Hay que revisar y no caer en el bullying, en la discriminación, ¡para con alguien que ha dedicado su vida a esta tierra de Gracia como la llamó Colón y diría Pablo “! ¡Qué importa si me llaman loco por amarla a ella, a Venezuela!”.

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