¿Sin el payaso se acaba el circo?

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

No, el circo se acaba cuando el público no asiste. El circo no es malo, es un parangón con la situación de Venezuela.

El problema es más complicado. ¿Cómo volver un río desbocado al cauce que debe llevar?

Se pueden hacer mil metáforas ilustrativas, alusivas a la tragedia venezolana como teorías, opiniones, máximas, pero ninguna resuelve el caso de marras, solo permite catarsis a quien no se atreve a actuar.

Un gobierno usurpador y criminal es parte del problema, pero evidentemente es mucho más complejo. Dijo El Libertador, “todo pueblo tiene el gobierno que se merece” y “todo pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”. Hoy, con tristeza vemos verificar esas máximas del Padre de la Patria perdida.

Hay conceptos, creencias y prácticas que constituyen la etiología de una sociedad enferma que constituye realmente el problema, solo nos queda volver a la encrucijada donde perdimos el camino para retomar el correcto.

Venezuela fue liberada y su Libertador antes de morir recordó a los militares lo que debían hacer: “empuñar su espada para defender las garantías sociales”.

El General Gómez, tan mal referido por los politiqueros interesados en ocultar la verdad, unificó al país, organizó y aglutinó a las FF.AA. 

Los generales López Contreras y Medina Angarita abrieron las puertas a la civilización de la sociedad y a la democracia. El General Pérez Jiménez impulsó la ley, el orden y el desarrollo del país, al punto de valer más el bolívar que el dólar y pagar la deuda externa, pero han engañado al pueblo y lo han sumido sistemáticamente en la ignorancia para finalmente pagar el precio de tan aberrante acción de los políticos responsables de ese crimen.

Convirtieron al pueblo en pedigüeños, dependientes de dádivas de los gobiernos que regalan sin derecho lo que no les pertenece, sin vergüenza alguna en ambos sectores. Moral y luces se convirtió en letra muerta, el pueblo realmente desconoce que: “las naciones marchan al término de su grandeza con el mismo paso que marcha la educación”. Educación para el trabajo, educación ciudadana para el aseo, deber, orden, ley, etc. Solo de esa manera progresan los países.

Todo tiene un valor, nada se debe ni puede regalarse para comprar voluntades y sin derecho, como un pernil de cochino, los servicios públicos, etc.

Los gobernantes dejaron de ser empleados del Estado y ahora son dueños y libres de imponer lo que sus miserias morales les indica.

Un presidente, que quede claro, jamás puede ser un obrero y menos criminal, debe ser un estadista, un verdadero letrado, un hombre de honor y un patriota.

Los viejos sistemas de dominación colectiva, como el condicionamiento conductual que ya probaron y perfeccionaron los rusos, chinos, norcoreanos, etc.

Venezuela no es un experimento conductual skinneriano, es la puesta en práctica de lo probado por Pávlov y montado en un sistema estructurado para la dominación y esclavismo de los pueblos. Por ejemplo: la dosificación programada de populismo y la regaladera para manipular las necesidades fundamentales, por una parte, frente a la represión, terrorismo político o social por otra, convierten a los criminales en amos y al pueblo en esclavos. Pero lo peor es el acostumbramiento, aceptación y creencia en que así debe ser.

Es el pueblo vencido y solo queda la lucha de quienes portan espadas para defender las garantías sociales y cumplir con su juramento.

El problema trasciende al payaso, trasciende la traición de los militares, trasciende la invasión y neocolonización comunista, trasciende la problemática de seguridad y defensa que implica y alcanza el mismo inframundo de la degeneración humana y social, donde la muerte violenta es normal y la esclavitud una forma de subsistir que prueba que estamos realmente solos con los discursos grandilocuentes de apoyo internacional de los hipócritas del mundo.

Sin embargo, hay una esperanza, la conciencia de lo escrito ut supra y la unión que tanto nos pidió El Libertador.

“¿Qué haremos Libertador si estamos situados por el enemigo?” “TRIUNFAR”.

De la Orden de los Caballeros de Fénix,

Santos Luzardo

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