Tributo póstumo a un Hombre de Mar, un mártir: Estoy herido mi capitán Rafael Acosta Arévalo

Zaida Quintana / Venezuela RED Informativa

Zaida Quintana, con fina pluma llena de dolor, rinde un homenaje a un hombre de mar. Con serenidad, lo despide. No señala culpables, no hace política hace justicia. La justicia que está a su alcance, la justicia de reconocer a un Mártir.

Los marinos de Venezuela hoy están de duelo se preparan para zarpar y darle la despedida a uno de sus hombres, al Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo, olvidándose de su condición política, religiosa o su concepción de país, murió de manera injusta, nadie merece morir porque lo asesinen, murió como no merecen morir los hombres de honor, los hombres de mar.

Cuando muere un naval, un marino, un caballero del mar, un hombre de mar, ahora llamados como gremio Armada, todos los marinos lo acompañan en su último viaje, en su última singladura y  durante esa última travesía quedan heridos en su sentir, en lo más profundo de su alma porque como marinos juntos, nacen, crecen, se entienden, se hacen hermanos, familia, es ser marino desde el abuelo, de padre a hijo, es una filiación sanguínea, se lleva en la piel, en el corazón, se lleva en el alma, se lleva hasta el mar.

Los navales comparten todos los riesgos que su vida en el mar implica. Todo hombre de mar, como hombre de honor, quiere que su última lucha, su último destino, su última honra sea en el mar. ¿Cuál mar? No tiene nombre es uno solo, todos los mares y los marinos se cruzan, todos se saludan, todos se ayudan, se rescatan, se acompañan a un puerto seguro. Todos tienen el mismo uniforme, sin importar rangos y jerarquías, el mismo mensaje el mismo sonar de pitos, el mismo rol en el mar, el mismo lenguaje, todos se protegen, contra el viento y la marea. Todos los marinos aman el mar, lo conocen y el mar los ama a ellos, ellos pertenecen al mar que los convierte en su más grande amor, los reclama como suyos para que sus almas descansen en su seno como debió ser con el Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo. 

Los marinos son una familia que se esparce por el mundo,  no muy lejos están los recuerdos del submarino nuclear ruso Kursk  K-159  con diez tripulantes a bordo y desaparecido en el mar de Barents el 30 de agosto de 2003;  del submarino Aras San Juan de la Argentina, que desapareció el 15 de noviembre de 2017 con 44 tripulantes a bordo, la angustia fue universal todos los marinos del mundo, sus familias, allegados compartimos las noticias, escuchábamos las más versadas opiniones, recordamos cuando veíamos como en el caso del submarino argentino, Ara San Juan a un oficial venezolano entrevistado por CNN para explicar su visión sobre el aspecto técnico, también desde de todos los confines de los mares, desde Noruega,  Rusia, Estados Unidos, Portugal, no hubo marino en el mundo que no sintiera dolor  por tan inefables noticias. Pero, jamás escuche a ninguno de ellos quejarse, porque la última morada fuera el mar. Eso es honrar a sus memorias.

En Venezuela hoy nos toca honrar a un joven Capitán de Corbeta, llevarlo a su última morada que ojalá hubiese sido el mar, hoy la familia naval venezolana guarda silencio llora, como el mar en calma, a un hombre de su familia si, de su familia porque todos ellos son familia desde que inician su proceso de formación, los padres de un marino son marinos, los hijos, las esposas, hermanos, familia, allegados y amigos todos son del mar. 

Todos lloran a un joven del mar que muere asesinado simplemente porque vio la vida desde el mar, la vio en libertad, la vio a su manera de navegar, la vio desde un velero, la vio desde un barco en cualquiera de sus formas y misión a cumplir, la vio desde un avión en el que volaban sus sueños hoy hacia Dios, la vio desde la tierra donde el compartía su especialidad profesional en esa tierra que hoy acoge con solidaridad a su esposa e hijos, a sus padres, a su familia y de manera especial a la familia naval. Todos los buques enarbolan en el tope del mástil un Crespón Negro en señal de duelo.

Venezuela está herida, casi de muerte, hoy dirán sus subalternos estoy herido mi capitán Acosta, no puedo más y él les dirá naveguen continúen que tengan buen viento y buena mar, Navigare Necesse Vivere Non Necesse, pero todo el agrupamiento naval sin distinción de condición se siente herido casi no se distinguen sus sueños así sean desde el mar que estos vengan.

Todos en Venezuela y el mundo comparten el dolor de su partida, porque su última travesía no fue en el mar, marinos venezolanos y extranjeros saben que su muerte no fue justa, también saben que Neptuno le hará justicia desde el mar.

El capitán Acosta Arévalo, navegará en un buque que izará sus banderas, el capitán del buque tomará su puesto de comando, iniciará el rol de maniobras, ordenará largar los cabos y navegará por el Caribe venezolano con usted Capitán Acosta Arévalo a bordo para llevarlo a su última morada en el fondo del mar y como a un viejo marino se le rendirán honores y sé que su misión fue cumplida. Se le guardará un minuto de silencio acompañado de un toque del toque de oración, significado de respeto de honra y se le dirá al mar a aquí tienes a tu hijo, descansa en tu fondo allí es donde perteneces, desde allí labrarás tu libertad. 

Propongo a todos los hombres de mar en Venezuela, reflexionar en silencio por un minuto en honor a su memoria. Este es un homenaje al Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo. Paz a su alma.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: